Romy Schneider nació un 23 de septiembre de 1938 en la ciudad
de Viena, Austria. Su nombre completo fue Rose-Marie Albach. Su veta
artística la heredó, ya que procedía de una familia de importantes actores.
A los diez años Romy se encontraba en un internado de monjas en Austria.
Allí se recreaba con obras de teatro esta pequeña niña, solitaria por las
pocas visitas de sus padres. Emprende viajes ficticios a través de los
caminos de los sueños, soñando algún día actuar con su actor favorito: Orson
Welles.
A los quince años regresa a su casa materna y descubre que su madre se ha
vuelto a casar con un hombre de negocios. Ella decide estudiar en la
Academia de Bellas Artes, para dedicarse al dibujo y al diseño de
indumentaria. Magda pronto comienza a rodar la película Lilas Blancas del
director Kurt Ulrich, quien le ofrece a Romy protagonizar el papel de su
hija, y así tuvo su primer debut. Por supuesto que no solamente se vio bien
en la pantalla sino que también cantó el tema musical del filme.
Enseguida se le abre un aluvión de ofertas de trabajo. Su madre por ese
entonces empezaba a seleccionar cuáles debía interpretar la niña. Comenzaron
sus protagónicos Sueños de circo, junto a Lili Palmer, y Los jóvenes años de
una reina, dirigida por Ernst Marischka, quien ayudó a convertir a Romy en
una verdadera actriz relatando la historia de la reina Victoria y su amor
por el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo.
Años más tarde, el mismo director las convoca nuevamente con la dupla
madre-hija para una película sobre la vida de la emperatriz Elizabeth de
Austria. Romy comienza a darle luz y magia a este personaje, con la ayuda de
un espectacular vestuario de época. Fue un éxito grandioso y absoluto como
Lo que el viento se llevó. Ocho meses más tarde, filma Sissi emperatriz. En
1956, acompañada de su madre, viaja a Hollywood, donde recibe de manos de
Walt Disney el premio a “La muchacha más bonita del mundo”. Aunque estaba
cansada de interpretar a Sissi, su madre logra convencerla de filmar su
tercera película. Así filma El destino de Sissi, que se convirtió en otro
éxito.
En 1958, Romy conoció a Alain Delon en París. Con él compartió cartel en
Amoríos. Ella viajaba constantemente a París y vivieron un apasionado
romance. Romy quería ir a vivir con Delon y la madre lo único que le pidió
fue que se comprometiera. Así, el 22 de marzo de 1959, se realizó el
compromiso en su residencia frente a muchos periodistas. Ella decía:
"Siempre me lo juego todo, llevo las cosas hasta las ultimas consecuencias.
Me entrego y amo con todo mi corazón." Contó a la prensa cómo fue el primer
encuentro con Alain Delon en el aeropuerto de Orly. Allí la esperaba el
joven casi desconocido que sería compañero en el film Christine. El actor
estaba al pie de la escalera. Ella miró con interés al joven perfectamente
vestido, con corbata, bien peinado, atractivo, serio y con un ramo de rosas
rojas. Ella todavía no hablaba francés y él tampoco inglés... Pero un
sentimiento los unía.
Luego hace teatro, y en 1961, encarna el personaje de Pupé, en Bocaccio 70.
También protagonizó Le combat dans Líle junto a Jean–Louis Trintignant, con
quien se le adjudicó un secreto romance.
En esos años, paseando en la finca con Delon recibe un telegrama de Orson
Welles que le cambiará su destino. Orson le propone filmar El Proceso. Romy
sin pensarlo viaja a los Estados Unidos a encontrarse con el actor que tanto
admiraba. Hollywood la esperaba para filmar otras películas como Los
Vencedores, El cardenal y Préstame tu marido, con Jack Lemmon. Luego de
tantas filmaciones vuelve a París, pero Delon ya no la estaba esperando en
su mansión. Sólo la esperaba un ramo de rosas y una carta de despedida.
Alain Delon viaja a España y conoce a Nathalie, con quien tendrá un hijo.
Ésta noticia hace cambiar a Romy y acepta amigarse con la madre, cosa que no
podía antes, debido a que estaba en contra de su relación con Delon.
Finalmente busca consuelo en su mamá, que la ayuda a pasar ese triste
momento que estaba viviendo.
En 1965, filma la comedia ¿Qué tal Pussycat? junto a Woody Allen, Ursula
Andrés y Peter Sellers. En la inauguración de un restaurante conoce a Harry
Meyen, actor y director de teatro, quien estaba casado. Igualmente en ese
año trabaja con Delon, en “La Piscina”.
El 15 de julio de 1968 se casó con Harry en el Cap Ferrat, en la Costa Azul,
y se mudaron a Berlín. De este matrimonio nace David Christopher; Romy deja
de trabajar dos años para criar al bebé. Es este tiempo también fallece su
padrastro y descubre que las finanzas que le administraban no le dejan un
peso. El matrimonio enseguida empieza a desvanecerse. Harry sufría grandes
dolores de cabeza y lo ponían “demasiado nervioso”. Luego conoce a Claude
Sautet, a quien dirigió en Las cosas de la vida, mientras mantenían una
relación secreta.
Más tarde en París, junto a su ex–amante por tercera vez, protagoniza con
Delon otra película, El asesinato de Trotsky. Después aparece nuevamente el
personaje de Sissi que lo reencarna de la mano de Luchino Visconti en Luis
II de Baviera.
En 1972, después de larga disputa judicial, Romy obtuvo la custodia de David
a cambio de ceder la mitad de su fortuna a su antiguo compañero. Harry
siguió con sus dolores de cabeza y su fracaso sentimental, y se dedicó a
beber y a tomar demasiados analgésicos. Romy realizó otro filme con mucho
éxito: Ella, yo... y el otro. Siguió con Lo importante es amar de Andrej
Zulawski, que le dio la oportunidad de ganar el premio César a la mejor
actriz. El segundo lo obtuvo por El Viejo Fusil de Roberto Enrico. Durante
el rodaje de esta película conoce a Daniel Biasini, con quien se casó el 18
de diciembre de 1975 en Berlín. Pierde un embarazo, pero al poco tiempo lo
intenta nuevamente y el 21 de julio de 1977 nace Sarah Magdalena en Saint
Tropez.
En 1979, Harry fue encontrado ahorcado en una de sus habitaciones de su
castillo de Hamburgo. Ella viaja rápidamente desde México, donde se
encontraba trabajando. El suicidio de su ex-marido la afectó terriblemente y
a su hijo lo mandó con los abuelos paternos, pese a que el niño se había
encariñado de vivir con su marido Daniel. Romy no podía dormir y bebía para
conciliar el sueño. Unos meses más tarde muere la abuela paterna Rosa
Rhetty, en Viena, a los 106 años.
Su segundo matrimonio empieza a decaer. Sigue trabajando y rueda Fantasma
del amor, junto a Marcello Mastroianni. Conoce entonces a un joven
productor, Laurent Petin, quien se encargó de cuidarla de las borracheras y
la acompañaba en sus noches de insomnio. De vuelta se mudaron juntos en
París.
A los 43 años, si bien parecía que había encontrado a un buen compañero,
parece no encontrar sus sueños como en aquellas noches. Encontró en la
actividad diaria el cese de sus depresiones continuas. Empezó a rodar La
Visitante del Cabaret y poco a poco comenzó a deteriorarse su salud: se
quebró un pie y la operaron de urgencia del riñón, con un principio de
cáncer. Pero parece que la desgracia no llega a su fin. Faltaba el golpe
final: su hijo David, trepando las rejas de su casa, resbaló y quedó
atravesado por una de ellas. El encargado de darle la noticia fue Alain
Delon. Romy corrió hacia al hospital pero ya era tarde: su hijo de catorce
años acababa de morir en la sala de operaciones. En medio del dolor la madre
confesa que era su único amigo. A causa del dolor se encerró en un Hotel y
no quería salir para nada. Entonces Alain la busca y la lleva a su finca
lejos de los periodistas para que esté más tranquila. Finalmente al otro
año, en 1982, termina de filmar La Visitante del Cabaret. Romy exigió que al
final de la película aparezca la dedicatoria “Para David y su padre”.
Un 29 de mayo de 1982, después de una velada en casa de la hermana de
Laurent, la pareja llegó a las dos de la madrugada a su departamento. Romy
no quiso acostarse enseguida. Tenía algunas cartas que escribir. Laurent se
fue a la cama. Al despertarse por la mañana la encontró sentada sobre el
sillón, en la misma posición que la noche anterior. Sobre la mesa había una
carta apenas comenzada y algunas escrituras sobre las actividades que debía
realizar durante del día. El dolor de la pérdida de su hijo la llevó a
sobrevivir diez meses más. Su vida se fue apagando lentamente; apenas comía
y sólo escribía cartas a los amigos, hablando de su hijo como si estuviera
vivo. |