Actriz sudafricana, considerada una de las más bellas y
competentes del cine actual. Hija única de Gerda y Charles Theron, una
alemana y un francés propietarios de una constructora de carreteras,
Charlize Theron estudió ballet clásico en Johannesburgo desde los seis años
y a los trece su madre la ingresó en un internado para que no conviviera en
un ambiente familiar cada vez más enrarecido por las crecientes peleas de la
pareja.
Pero durante una visita a su casa, el 21 de junio de 1991, fue testigo del
fatal desenlace de la historia, cuando su madre mató a su padre de un
disparo ante un intento de agresión de éste, en estado de embriaguez. Así lo
entendió el jurado, que juzgó el caso como homicidio en defensa propia, y
absolvió a la mujer, que, una vez libre, se volvió a casar, vendió su
empresa y se trasladó a Los Ángeles. Poco tiempo después, la muerte en un
accidente de un hermanastro de la actriz volvería a sumir a la familia en la
tragedia.
Además de bailar, Charlize trabajó como modelo desde la adolescencia. Con
dieciséis años ya había alcanzado el metro setenta y siete de estatura y no
le costó gran esfuerzo vencer en un concurso de top models cuyo premio
consistía en una estancia de un año en Milán, contratada por una diseñadora
italiana.
Aparte de las pasarelas, un ámbito que no abandonó del todo pese a confesar
que nunca le ha gustado la profesión, se convirtió en una figura muy
conocida en los circuitos publicitarios internacionales, sobre todo tras
protagonizar, algunos años más tarde, el celebrado anuncio de Martini en el
que a una joven (ella) se le va deshilachando el vestido hasta mostrar buena
parte de su anatomía.
En 1993, después de un desfile en Manhattan, decidió quedarse en Estados
Unidos y reconducir su carrera de bailarina. En seguida fue admitida por el
New York’s Joffrey Ballet, del que formó parte durante un año, hasta que una
lesión en una rodilla le impidió seguir en la danza.
Animada por su madre, se trasladó entonces a la Costa Oeste con su nueva
familia. La suerte quiso que unas semanas después, mientras discutía
acaloradamente ante una ventanilla de un banco de Hollywood Boulevard porque
se negaban a pagarle un cheque, la viera el agente artístico John Crosby,
quien, deslumbrado ante su despampanante presencia, le preguntó si nunca se
había planteado trabajar en el cine y le dejó su tarjeta.
Su aparición no podía ser más oportuna, así que una vez hechas las
averiguaciones pertinentes y comprobar que se trataba realmente de un
representante de artistas «serio» (Rene Russo y John Hurt eran algunos de
sus representados), se convirtió en su mánager.
No obstante sus reticencias, su acento afrikáner la obligó a continuar con
la publicidad mientras tomaba lecciones para corregirlo y clases de
interpretación. Fue entonces cuando surgió el anuncio de Martini, y ganó
suficiente dinero como para permitirse una vida sin apremios mientras acudía
a un casting tras otro.
La primera decepción la vivió al ser rechazada en favor de Elizabeth Berkley
para protagonizar Showgirl (1995), pero el sonoro fracaso mundial del filme
no tardó en resarcirla. Un breve papel en Dos días en el valle (1996), un
filme de John Herzfeld protagonizado por James Spader y Jeff Daniels, marcó
su debut en el cine.
Seguidamente el propio Tom Hanks la eligió para su ópera prima como
director, The Wonders (1996), y esto propició su intervención en Hollywood
Confidential (1997), un telefilme dirigido por Reynaldo Villalobos, y No
pierdas el juicio (1997), de Jonathan Lynn, antes de obtener su primer rol
de envergadura en Pactar con el diablo (1997), thriller de Taylor Hackford
en el que actuó junto a Keanu Reeves y Al Pacino. Pero ni éste ni su
siguiente trabajo, una producción de consumo familiar de la factoría Disney,
Mi gran amigo Joe (1998), de Ron Underwood, tuvieron el impacto de su
aparición como top model en Celebrity (1998), de Woody Allen.
Tras esta experiencia comenzó el que sería su primer gran año con La cara
del terror (1999), filme de ciencia-ficción dirigido por Rand Ravich que
coprotagonizó con Johnny Depp, y continuó con la adaptación de la novela de
John Irving Las normas de la casa de la sidra (1999), de Lasse Hallström,
junto a Tobey Maguire y Michael Caine, película cuyas candidaturas a los
Oscars fueron el mejor escaparate para su inminente conversión en gran
estrella.
Su sorprendente caracterización de una asesina en serie en el filme Monster
(2003), de Patty Jenkins, confirmó su apreciable talento y le valió, amén de
otros galardones, el Oso de Plata del Festival Internacional de Cine de
Berlín, el Globo de Oro y el Oscar de la Academia de Hollywood a la mejor
interpretación protagonista.
En octubre de 2003, cuando estuvo en el Festival de Cine de San Sebastián
para presentar el filme The Italian job (2003), de F. Gary Gray, encandiló a
la prensa con una simpatía tan arrolladora como su belleza, y no dejó de
sorprender su condición de mujer comprometida socialmente con diversas
causas, contraria a la pena de muerte, activista de una organización que
lucha por el trato ético a los animales, y portavoz, en su país, de una
polémica pero eficaz campaña televisiva contra la violación. Gran admiradora
de Nelson Mandela, cumplió uno de sus sueños al conocerlo personalmente
cuando le llevó el Oscar, nada más obtenerlo, orgullosa de ser la primera
sudafricana que obtiene ese premio. |